Siempre es bueno que una obra nos desafíe en cuanto a la manera de mirarla: que no podamos ir hacia ella con el arsenal de siempre y que haya que buscar en uno mismo con qué se va a ser su espectador. La escena, un formato que ciertamente anidaba en la obra visual de Porter, se despliega aquí a sus anchas en el espacio y en el tiempo. En ese sentido, estas piezas teatrales vuelven posible la satisfacción de un deseo que todos pudimos haber acuñado a través de los años al ver sus miniaturas, solo que su puesta en acto, en lugar de circunscribirse a constatar, se vuelve superlativa. Mariana Obersztern

El paquete azul de Liliana Porter

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Siempre es bueno que una obra nos desafíe en cuanto a la manera de mirarla: que no podamos ir hacia ella con el arsenal de siempre y que haya que buscar en uno mismo con qué se va a ser su espectador. La escena, un formato que ciertamente anidaba en la obra visual de Porter, se despliega aquí a sus anchas en el espacio y en el tiempo. En ese sentido, estas piezas teatrales vuelven posible la satisfacción de un deseo que todos pudimos haber acuñado a través de los años al ver sus miniaturas, solo que su puesta en acto, en lugar de circunscribirse a constatar, se vuelve superlativa. Mariana Obersztern

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