El asunto de su primera obra teatral, Las moscas, drama en tres actos, estrenado en 1943, fue a buscarlo Jean-Paut Sartre en los orígenes de la tragedia griega, concretamente en La Orestiada de Esquilo. De la renombrada pieza, emana no solamente el existencialismo del creador, sino ciertas crípticas alusiones a su tiempo.

Hubo quienes consideraron Muertos sin sepultura -al estrenarse en 1946- la obra maestra de Sartre en la escena.

Sin duda por su carácter de "drama de la resistencia", por el modo en que exhibe crudamente el estado anímico de sus personajes y las torturas morales y físicas de que son víctimas, se explica que haya promovido las más vivas reacciones. Pero no es un drama del heroísmo, no es un drama del sacrificio, es un drama del orgullo.

"Entre la tragedia de Eurípides y la sociedad ateniense del siglo V, existe una relación implícita que ya no podemos ver hoy, sino desde fuera -dice Sartre-. Si quiero hacer sensible esta relación, no puedo contentarme con traducir Las troyanas, necesito adaptarla. La guerra -continúa el autor-, hoy ya sabemos lo que significa: una guerra atómica no dejará ni vencedores ni vencidos. Esto es lo que la obra demuestra: los griegos destruyeron Troya, pero no sacarán beneficio ninguno de su victoria puesto que la venganza de los dioses los hará perecer a todos"

Las moscas. Muertos sin sepultura. Las troyanas de Jean-Paul Sartre

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El asunto de su primera obra teatral, Las moscas, drama en tres actos, estrenado en 1943, fue a buscarlo Jean-Paut Sartre en los orígenes de la tragedia griega, concretamente en La Orestiada de Esquilo. De la renombrada pieza, emana no solamente el existencialismo del creador, sino ciertas crípticas alusiones a su tiempo.

Hubo quienes consideraron Muertos sin sepultura -al estrenarse en 1946- la obra maestra de Sartre en la escena.

Sin duda por su carácter de "drama de la resistencia", por el modo en que exhibe crudamente el estado anímico de sus personajes y las torturas morales y físicas de que son víctimas, se explica que haya promovido las más vivas reacciones. Pero no es un drama del heroísmo, no es un drama del sacrificio, es un drama del orgullo.

"Entre la tragedia de Eurípides y la sociedad ateniense del siglo V, existe una relación implícita que ya no podemos ver hoy, sino desde fuera -dice Sartre-. Si quiero hacer sensible esta relación, no puedo contentarme con traducir Las troyanas, necesito adaptarla. La guerra -continúa el autor-, hoy ya sabemos lo que significa: una guerra atómica no dejará ni vencedores ni vencidos. Esto es lo que la obra demuestra: los griegos destruyeron Troya, pero no sacarán beneficio ninguno de su victoria puesto que la venganza de los dioses los hará perecer a todos"

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