Prólogo


La luz no tiene visibilidad por sí misma. Esto es algo que muy poca gente recuerda, quizás por tratarse de una abstracción que sólo se convierte n realidad cuando “algo ” se hace visible. Y ese algo no es la luz sino aquello que la refleja. La luz cuenta cómo es la apariencia de las cosas, qué se muestra y qué se oculta. Gestaltendes licht –como la soñó Adolphe Appia – “La luz que revela la forma ”. En el teatro la luz se constituye en un lenguaje visual estrechamente ligado a la acción dramática, como el vestuario y la escenografía. Pero ninguno de ellos es imprescindible, ya que la acción dramática tiene como único participante al actor y al expectador. Sin embargo la luz permite su visualización de una determinada manera apoyando, intensificando o complementando sus intenciones, sus emociones. Además la luz –con su lenguaje propio – interviene en un espacio y nos emociona o nos cuenta una historia. Puede constituirse en “acción dramática ” sin la presencia de actores. Así como en un amanecer o un atardecer el sol es el protagonista de la acción, lo veamos o no, la luz puede ser “el actor ”. Su acción transforma todo lo que vemos. En la paradoja de optar entre el comportamiento dramático de la luz dentro de una obra teatral y su actividad limitada a hacer visible el espacio y las personas que circulan por él, el director y el diseñador de luces tienen la última palabra, que además responde a una decisión subjetiva. En los primeros tiempos del teatro la iluminación surgió como una necesidad operativa, no depender de la luz diurna para la producción dramática. La luz de la llama fue el primer modo de resolución. Nuestra memoria primitiva aún evoca en ella la magia del calor y el refugio de la cueva en un medio hostil. En cuanto al espacio dramático, la luz define una mística particular que se va modificando a través de variables de color, de intensidad, de posición, de movimiento. El uso de la energía eléctrica como fuente de producción de la luz abre una infinita gama de posibilidades de imitación de sucesos naturales o artificiales, que asociamos inevitablemente a alguna emoción. Nuestro primitivo acercamiento a las sensaciones lumínicas, que determinan inmediatamente nuestra percepción de apariencia y realidades, sumado a los avances tecnológicos de la luz hoy día, nos hace poseedores de una herramienta expresiva de increíble intensidad y complejidad. Este libro se propone transitar las nociones técnicas elementales y las preguntas más comunes que pueda hacerse todo aquel que quiera utilizar la luz como lenguaje expresivo. También intenta ofrecer una herramienta de acceso para quienes, sin proponerse diseñar con luz, trabajan estrechamente conectados con ella. Directores, actores y escenógrafos conviven permanentemente con ideas y situaciones lumínicas. Para ellos es importante conocer las cuestiones perceptivas y simbólicas referentes a la luz, tanto como sus aspectos técnicos. Para organizar los diferentes temas acerca de la luz tomé como base los seminarios y clases que he ido realizando a lo largo de mi experiencia docente. La primera parte “Entender la luz ” toma los aspectos globales de la luz de acuerdo con tres diferentes puntos de análisis: • La “física de la luz ”, es decir, la luz en sus aspectos cuantitativos y científicos. • La “percepción de la luz ”, que considera la luz desde el sujeto perceptor. • El “significado de la luz ”, que analiza los aspectos simbólicos y emocionales que conlleva la percepción lumínica. La segunda parte “La técnica ” desmembra y examina las cualidades de la luz, los elementos que la producen y los sistemas que componen el discurso lumínico. En “Herramientas de la luz ” estudiamos sus propiedades: posición, intensidad, distribución, color y movimiento. En “Sistemas de producción de la luz ” clasificamos las fuentes lumínicas y sus controles, así como sus sistemas de montaje e instalación. La tercera parte del libro “El diseño ” está dedicada al rol del diseñador de luces. En esta sección comentamos los usos y costumbres, y las diferentes técnicas de iluminación asociadas con algunos géneros teatrales. También analizamos el procedimiento para llevar a cabo una puesta de luces y la documentación necesaria. En suma, la propuesta es ir conduciendo al lector desde los conceptos más generales de la luz hacia el rol de diseñador, atravesando las cuestiones perceptivas, técnicas y simbólicas que nos abren la puerta al lenguaje lumínico. Hay tres aspectos fundamentales que deben convivir en el diseñador de luces: sensibilidad, creatividad y conocimiento técnico. Sensibilidad para captar la esencia dramática, creatividad y conocimientos técnicos para expresarla desde el lenguaje lumínico. Pero más allá de estas consideraciones, y de los sofisticados adelantos técnicos con los que hoy contamos, la luz sigue conservando su magia y su misterio. Hablar de su poder de evocación y de su gran capacidad expresiva es el principal objetivo de este libro. Espero que el lector comparta este deslumbramiento conmigo. Eli Sirlin

La luz en el teatro, Manual de iluminación de Eli Sirlin

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Prólogo


La luz no tiene visibilidad por sí misma. Esto es algo que muy poca gente recuerda, quizás por tratarse de una abstracción que sólo se convierte n realidad cuando “algo ” se hace visible. Y ese algo no es la luz sino aquello que la refleja. La luz cuenta cómo es la apariencia de las cosas, qué se muestra y qué se oculta. Gestaltendes licht –como la soñó Adolphe Appia – “La luz que revela la forma ”. En el teatro la luz se constituye en un lenguaje visual estrechamente ligado a la acción dramática, como el vestuario y la escenografía. Pero ninguno de ellos es imprescindible, ya que la acción dramática tiene como único participante al actor y al expectador. Sin embargo la luz permite su visualización de una determinada manera apoyando, intensificando o complementando sus intenciones, sus emociones. Además la luz –con su lenguaje propio – interviene en un espacio y nos emociona o nos cuenta una historia. Puede constituirse en “acción dramática ” sin la presencia de actores. Así como en un amanecer o un atardecer el sol es el protagonista de la acción, lo veamos o no, la luz puede ser “el actor ”. Su acción transforma todo lo que vemos. En la paradoja de optar entre el comportamiento dramático de la luz dentro de una obra teatral y su actividad limitada a hacer visible el espacio y las personas que circulan por él, el director y el diseñador de luces tienen la última palabra, que además responde a una decisión subjetiva. En los primeros tiempos del teatro la iluminación surgió como una necesidad operativa, no depender de la luz diurna para la producción dramática. La luz de la llama fue el primer modo de resolución. Nuestra memoria primitiva aún evoca en ella la magia del calor y el refugio de la cueva en un medio hostil. En cuanto al espacio dramático, la luz define una mística particular que se va modificando a través de variables de color, de intensidad, de posición, de movimiento. El uso de la energía eléctrica como fuente de producción de la luz abre una infinita gama de posibilidades de imitación de sucesos naturales o artificiales, que asociamos inevitablemente a alguna emoción. Nuestro primitivo acercamiento a las sensaciones lumínicas, que determinan inmediatamente nuestra percepción de apariencia y realidades, sumado a los avances tecnológicos de la luz hoy día, nos hace poseedores de una herramienta expresiva de increíble intensidad y complejidad. Este libro se propone transitar las nociones técnicas elementales y las preguntas más comunes que pueda hacerse todo aquel que quiera utilizar la luz como lenguaje expresivo. También intenta ofrecer una herramienta de acceso para quienes, sin proponerse diseñar con luz, trabajan estrechamente conectados con ella. Directores, actores y escenógrafos conviven permanentemente con ideas y situaciones lumínicas. Para ellos es importante conocer las cuestiones perceptivas y simbólicas referentes a la luz, tanto como sus aspectos técnicos. Para organizar los diferentes temas acerca de la luz tomé como base los seminarios y clases que he ido realizando a lo largo de mi experiencia docente. La primera parte “Entender la luz ” toma los aspectos globales de la luz de acuerdo con tres diferentes puntos de análisis: • La “física de la luz ”, es decir, la luz en sus aspectos cuantitativos y científicos. • La “percepción de la luz ”, que considera la luz desde el sujeto perceptor. • El “significado de la luz ”, que analiza los aspectos simbólicos y emocionales que conlleva la percepción lumínica. La segunda parte “La técnica ” desmembra y examina las cualidades de la luz, los elementos que la producen y los sistemas que componen el discurso lumínico. En “Herramientas de la luz ” estudiamos sus propiedades: posición, intensidad, distribución, color y movimiento. En “Sistemas de producción de la luz ” clasificamos las fuentes lumínicas y sus controles, así como sus sistemas de montaje e instalación. La tercera parte del libro “El diseño ” está dedicada al rol del diseñador de luces. En esta sección comentamos los usos y costumbres, y las diferentes técnicas de iluminación asociadas con algunos géneros teatrales. También analizamos el procedimiento para llevar a cabo una puesta de luces y la documentación necesaria. En suma, la propuesta es ir conduciendo al lector desde los conceptos más generales de la luz hacia el rol de diseñador, atravesando las cuestiones perceptivas, técnicas y simbólicas que nos abren la puerta al lenguaje lumínico. Hay tres aspectos fundamentales que deben convivir en el diseñador de luces: sensibilidad, creatividad y conocimiento técnico. Sensibilidad para captar la esencia dramática, creatividad y conocimientos técnicos para expresarla desde el lenguaje lumínico. Pero más allá de estas consideraciones, y de los sofisticados adelantos técnicos con los que hoy contamos, la luz sigue conservando su magia y su misterio. Hablar de su poder de evocación y de su gran capacidad expresiva es el principal objetivo de este libro. Espero que el lector comparta este deslumbramiento conmigo. Eli Sirlin

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