Mamá, quiero ser bailarina

Algunas historias que no me habían contado de la Danza

de María Carolina Marschoff


María Carolina Marschoff presenta una mirada critica sobre la historia de esta practica corporal. Desde Platon y Pitagoras, hasta la danza contemporánea actual, pasando por la corte de Luis XIV, la Revolución Francesa y el Tercer Reich, nos propone un recorrido por la historia de la danza académica occidental, sus vínculos con la política y el poder, y sus marcas en los cuerpos. 


Capítulo 1


Este libro es la consecuencia de varios años de investigación sobre danza, en dos proyectos que me tienen como colaboradora dentro del Centro Interdisciplinario Cuerpo, Educación y Sociedad (CICES) de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, y de algunos trabajos presentados a congresos y encuentros varios. Pero fundamentalmente es la consecuencia de mi sostenida irreverencia hacia un statu quo dentro del sistema educativo que se torna cada vez más asfixiante y menos interesado en el saber. Todos estos años de estudio e investigación deberían haber arrojado como resultado (para el statu quo, claro) una tesis de maestría “digna de defenderse”, pero los vericuetos del régimen académico agotan, aún a una bailarina.


Desde la selección de un tema hasta los modos, acciones, técnicas y procedimientos (metodología, que le dicen) para hacerla y presentarla fueron limando mi interés y mi paciencia para con la bendita tesis, pero la estocada final que “dio muerte” a la idea de seguir el camino que se debía seguir, según las reglas establecidas en el postgrado, fue cruzarme en un diario con una interesante entrevistas sobre las mismas (1) cuyo protagonista es Fernando Alfón, un profesor de la facultad a la que pertenezco (en realidad, me considero una especie de integrante “satélite”). Entre las cuestiones que abordaba, hubo algunas que me aclararon el panorama en cuanto a lo que yo perseguía. La primera versaba sobre la ilegibilidad de las tesis ya que, según él y dentro de las ciencias sociales, “no están escritas para ser leídas”. Esto, producto de sostener que cuanto más críptica es, más científica se la considera, instalando un criterio de jerarquización basado en utilizar un lenguaje complejo y una cantidad pasmosa de páginas (habla de tesis de hasta mil páginas). La otra cuestión venía por la parte del objeto de estudio y dice Alfón lo siguiente:


El primer consejo que brinda un director a un tesista es que especifique sus temas, “que recorte el objeto”.Ello lo conduce hacia un camino de especificación tan grande que el tema despierta poco interés y resigna frescura. A excepción, claro, de que ese objeto “ultra-recortado” tenga la capacidad de revelar algo más general, aunque ello es difícil de hallar. El principal peligro es que se abordan temas que solo son importantes para el tesista, o bien, para los especialistas del rubro que, en cualquier caso, representan un puñado de personas.


A partir de estos dichos, que llegaron a mi cual “verdad revelada” (2), decidí tomar el toro por las astas, sacarme los últimos prejuicios sobre mi decisión casi irrevocable de mandar a la papelera la carpeta “TESIS”, y comenzar a juntar, seleccionar, reacomodar y varios “ar” más, una interesante cantidad de escritos que tenía archivados; por haber sido ya presentados en congresos, jornadas o encuentros, por haber sido escritos para los proyectos y luego modificados o descartados, y también (y porqué no) por haber sido escritos para la tesis y dejados de lado por la exigencia establecida de “recortar el objeto de estudio”.


Por esto y por mi formación, oficio o profesión de bailarina y de actriz es que me atreví a escribir un libro con todo el material. Éste. Sobre danza. Sin pensar en recortar un objeto sino más bien, pensando en reunir varios de ellos para ver qué sale. Como cuando se hace una “adaptación libre” de cualquier texto, obra de teatro o ballet ya presentado. Para todo público, no solo para entendidos. Para que lo que cuento acá, que solo son partes de una historia muy compleja como lo es la de la danza, pueda ser la puerta de entrada a seguir leyendo e investigando mucho más profundamente sobre ella. Para que el saber, sea poco o mucho, fluya, para que lo tomen, para que lo dejen, para que lo vuelvan a tomar. Y fundamentalmente, para que nunca quede encriptado.


1 Esteban, P. (2018) Las tesis como escritura hermética. Página 12. 20/06/2018.

2 Todo esto que dice Alfón venía siendo puesto en tensión por mí, cada vez que el tema “tesis” salía a la luz. Pero no es lo mismo que lo diga un Doctor, a que lo diga una bailarina y actriz como quien escribe -por lo menos para el ámbito académico en el cual me muevo en estos últimos años-. Y ni lenta ni perezosa aproveché, agradeciendo a “los astros” haber puesto en mi horóscopo del día: “noticias que te cambiarán la vida”.

Mamá, quiero ser bailarina

Algunas historias que no me habían contado de la Danza

de María Carolina Marschoff


María Carolina Marschoff presenta una mirada critica sobre la historia de esta practica corporal. Desde Platon y Pitagoras, hasta la danza contemporánea actual, pasando por la corte de Luis XIV, la Revolución Francesa y el Tercer Reich, nos propone un recorrido por la historia de la danza académica occidental, sus vínculos con la política y el poder, y sus marcas en los cuerpos. 


Capítulo 1


Este libro es la consecuencia de varios años de investigación sobre danza, en dos proyectos que me tienen como colaboradora dentro del Centro Interdisciplinario Cuerpo, Educación y Sociedad (CICES) de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, y de algunos trabajos presentados a congresos y encuentros varios. Pero fundamentalmente es la consecuencia de mi sostenida irreverencia hacia un statu quo dentro del sistema educativo que se torna cada vez más asfixiante y menos interesado en el saber. Todos estos años de estudio e investigación deberían haber arrojado como resultado (para el statu quo, claro) una tesis de maestría “digna de defenderse”, pero los vericuetos del régimen académico agotan, aún a una bailarina.


Desde la selección de un tema hasta los modos, acciones, técnicas y procedimientos (metodología, que le dicen) para hacerla y presentarla fueron limando mi interés y mi paciencia para con la bendita tesis, pero la estocada final que “dio muerte” a la idea de seguir el camino que se debía seguir, según las reglas establecidas en el postgrado, fue cruzarme en un diario con una interesante entrevistas sobre las mismas (1) cuyo protagonista es Fernando Alfón, un profesor de la facultad a la que pertenezco (en realidad, me considero una especie de integrante “satélite”). Entre las cuestiones que abordaba, hubo algunas que me aclararon el panorama en cuanto a lo que yo perseguía. La primera versaba sobre la ilegibilidad de las tesis ya que, según él y dentro de las ciencias sociales, “no están escritas para ser leídas”. Esto, producto de sostener que cuanto más críptica es, más científica se la considera, instalando un criterio de jerarquización basado en utilizar un lenguaje complejo y una cantidad pasmosa de páginas (habla de tesis de hasta mil páginas). La otra cuestión venía por la parte del objeto de estudio y dice Alfón lo siguiente:


El primer consejo que brinda un director a un tesista es que especifique sus temas, “que recorte el objeto”.Ello lo conduce hacia un camino de especificación tan grande que el tema despierta poco interés y resigna frescura. A excepción, claro, de que ese objeto “ultra-recortado” tenga la capacidad de revelar algo más general, aunque ello es difícil de hallar. El principal peligro es que se abordan temas que solo son importantes para el tesista, o bien, para los especialistas del rubro que, en cualquier caso, representan un puñado de personas.


A partir de estos dichos, que llegaron a mi cual “verdad revelada” (2), decidí tomar el toro por las astas, sacarme los últimos prejuicios sobre mi decisión casi irrevocable de mandar a la papelera la carpeta “TESIS”, y comenzar a juntar, seleccionar, reacomodar y varios “ar” más, una interesante cantidad de escritos que tenía archivados; por haber sido ya presentados en congresos, jornadas o encuentros, por haber sido escritos para los proyectos y luego modificados o descartados, y también (y porqué no) por haber sido escritos para la tesis y dejados de lado por la exigencia establecida de “recortar el objeto de estudio”.


Por esto y por mi formación, oficio o profesión de bailarina y de actriz es que me atreví a escribir un libro con todo el material. Éste. Sobre danza. Sin pensar en recortar un objeto sino más bien, pensando en reunir varios de ellos para ver qué sale. Como cuando se hace una “adaptación libre” de cualquier texto, obra de teatro o ballet ya presentado. Para todo público, no solo para entendidos. Para que lo que cuento acá, que solo son partes de una historia muy compleja como lo es la de la danza, pueda ser la puerta de entrada a seguir leyendo e investigando mucho más profundamente sobre ella. Para que el saber, sea poco o mucho, fluya, para que lo tomen, para que lo dejen, para que lo vuelvan a tomar. Y fundamentalmente, para que nunca quede encriptado.


1 Esteban, P. (2018) Las tesis como escritura hermética. Página 12. 20/06/2018.

2 Todo esto que dice Alfón venía siendo puesto en tensión por mí, cada vez que el tema “tesis” salía a la luz. Pero no es lo mismo que lo diga un Doctor, a que lo diga una bailarina y actriz como quien escribe -por lo menos para el ámbito académico en el cual me muevo en estos últimos años-. Y ni lenta ni perezosa aproveché, agradeciendo a “los astros” haber puesto en mi horóscopo del día: “noticias que te cambiarán la vida”.

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