Teatro Anaurático

Espacio y representación después del fin del arte


Occidente sostiene una relación ambigua con lo único, lo singular, lo original y lo instantáneo. No sólo se piensa a partir de estas categorías; necesita, además, explicitarlas en sus consumos culturales como gesto de autoafirmación. ¿Será que lo único y lo singular son pura construcción ideológica, la ilusión de lo nuevo allí donde sólo hay repetición? La cuestión no atañe sólo a lo simbólico, sino también a lo material. Si Occidente, modernidad, capitalismo, consumo y democracia van de la mano, ¿qué consecuencias tiene la serialización de la mercancía aplicada a los productos culturales, la vieja obra de arte? ¿Hacia qué realidad señala esa iteración de lo singular en un mundo que se presenta como irrepetible? Teatro anaurático plantea al lector una hipótesis provocadora: en las tablas, la necesidad de ocultar la repetición obedece a cuestiones ideológicas que llevan al sujeto social a consumir siempre lo mismo bajo la ilusión (certeza, de ser eficaz la ideología) de lo variado. El público se sorprende ante cada producto artístico, incapaz de reconocer en él todo lo que tiene de repetición. Pero, ¿qué es lo que se reitera? La estructura, aquello sobre lo cual el espectador no suele detener la mirada. ¿Qué es lo que, con suerte, innova? El argumento. Engañado por un argumento variable, el consumidor de escenas no percibe que el mismo se asienta sobre una estructura muchas veces milenaria, tan milenaria como la cultura misma.

Teatro Anaurático de Federico Irazabal

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Teatro Anaurático

Espacio y representación después del fin del arte


Occidente sostiene una relación ambigua con lo único, lo singular, lo original y lo instantáneo. No sólo se piensa a partir de estas categorías; necesita, además, explicitarlas en sus consumos culturales como gesto de autoafirmación. ¿Será que lo único y lo singular son pura construcción ideológica, la ilusión de lo nuevo allí donde sólo hay repetición? La cuestión no atañe sólo a lo simbólico, sino también a lo material. Si Occidente, modernidad, capitalismo, consumo y democracia van de la mano, ¿qué consecuencias tiene la serialización de la mercancía aplicada a los productos culturales, la vieja obra de arte? ¿Hacia qué realidad señala esa iteración de lo singular en un mundo que se presenta como irrepetible? Teatro anaurático plantea al lector una hipótesis provocadora: en las tablas, la necesidad de ocultar la repetición obedece a cuestiones ideológicas que llevan al sujeto social a consumir siempre lo mismo bajo la ilusión (certeza, de ser eficaz la ideología) de lo variado. El público se sorprende ante cada producto artístico, incapaz de reconocer en él todo lo que tiene de repetición. Pero, ¿qué es lo que se reitera? La estructura, aquello sobre lo cual el espectador no suele detener la mirada. ¿Qué es lo que, con suerte, innova? El argumento. Engañado por un argumento variable, el consumidor de escenas no percibe que el mismo se asienta sobre una estructura muchas veces milenaria, tan milenaria como la cultura misma.

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